3/31/2006

Leyenda para la tumba de Cristobitas de Pan y Ajo



Adiós, catolicista sonámbulo, covachuelista del Catastro de Soria, adormidera para anarquistas, que no conociste sino visitas perennes al macrobotellón como un triste repentizador del hielo.
Que sepas en éste feliz día que las ventanas de tu colegio tienen todavía tus mocos de niño de cuatro años pegados.

Hoy perdemos a un gran pensador fin de siècle, se marcha enterrando su eterno olor de aceite frito y zapatos de gamuza azul vieja. Siempre pensando en el dinero y en como ahorrarlo. Saludemos con nuestro Renault 9 GT de mil novecientos ochenta a éste Darwin de los forúnculos y las zapatetas que en buena hora nos deja. En paz. Se lleva sus tardes de discoteca y olor a sobaco, niquis de rayas, pantalones blancos con paquete y erzgüindanfair.

Cristobitas de pan y ajo, te deseo que tu mujer e hijas, vivan descansando de tí, de tus atragantaeras de gasoil y nervios, y de tu deo incorrupto con su uña gorda e hinchada señalando lo que hay que hacer.

Y, repitiendo, adiós.

3/20/2006

El Libro Secreto y Sencillo de las Costumbres (Cap. II)


(Resumen de lo publicado: un tipo que se sienta en el retrete y cree que piensa)

Pensando y discurriendo iba dando con alguno de los mensajes secretos que encierran los usos, cuando no, me desesperaba y golpeaba las paredes con mis puñitos pequeños. ¿Y la caspa? ¿qué hay de ese polvillo blanco, tan maldito? Por unas excoriaciones de la piel, porque los genes de ésa persona han decidido que la piel de la cabeza se le va a defoliar y que por más que se lave no se desprenderá de ellas, no se le concede al culpable presunción alguna de limpieza: se le condena sin más a la categoría de guarro absoluto. ¡Guay de ésos pequeños inconvenientes de la civilización ! los árboles nos impiden ver el bosque y se clasifica a las personas más por su apariencia que por su esencia. ¿ Por qué ?


Estas cuestiones se me planteaban desde pequeño por lo que hemos de deducir que el problema era entonces latente pero no manifestado. Por ejemplo, me preguntaba por qué las mujeres llevan falda y los hombres no. Mejor sería ir dando campanazos con el badajito que ir con los temas bien apretados, creía yo. Pues no, los hombres no llevan falda sencillamente para que no se les enrede con los matojos mientras van de caza. ( nuevamente, la cuestión antropológica)

¿ Por qué las mujeres llevan pelo largo y los hombres no ? Pues para que no se les enrede con los matojos mientras van de caza. Exacto.

- Yo no cazo nunca ni voy a ir a cazar. ¿ Puedo ponerme falda ? ¿Puedo llevar el pelo largo?

Más bien, no, peque.

Y como ésas, todas. Mi mente se enredaba con todo : con los matojos, con los hinojos y con los hinojos caídos como ellos, en fin, un magma precioso y ensordecedor compuesto al 50% de ficciones turbulentas y realidad no limpia hervía, chillaba y se desbordaba con más frecuencia de la que se pudiera desear. A veces, o no recordaba bien las cosas o creía que cosas que sólo habían sucedido en mi mente habían sucedido en la realidad. Y así de ésta manera, resultaba que todo lo que hacía guiado por mis pensamientos al final constituía un atropello a la verdad , lo que, indefectiblemente, perjudicaba los nobles sentimientos de aquellos que, con paciencia y tesón no remunerados, me intentaban educar.
(CONTINUARÁ)

3/16/2006


Lo bueno de los libros es que no tiene pilas.

Un mecanismo sencillo de fabricación y más aún de funcionamiento.

Eso es lo malo para Microsoft. Pero mientras haya suministro eléctrico no hay de qué preocuparse.

Y si se corta la luz, a hacer cristianos!

3/15/2006

EL Libro Secreto y Sencillo de Las Costumbres (Cap I)


INTROITO




Mi mujer me decía cuando me veía sentado en el retrete:


- Oh, vaya ¡ El pensador de Roca.


Sí era graciosa, sí.

Yo, mientras leía o pensaba, leía o pensaba.

Pensaba que me incomodaba la idea de buscar razones a algunos usos sociales, a ésos convenios estúpidos suscritos cuando yo ni siquiera había nacido y que, arrajatabla, debía de cumplir y cumplía; ¿de dónde venían esas "normas de la buena educación"? ¿ quienes eran los gallipavos de sus inventores? ¿ Tal vez, señoritingos con pelucas blancas, aspiradores de rapé, y calzas blancas?

Como, por ejemplo, y entre otras: ceder el paso a las damas, dar los buenos días, doblar las tarjetas personales ante el libro de condolencias de un entierro, velar a un muerto toda la noche. Creo que no sirven de nada, en especial ésta última: la gente se duerme o cuenta chistes lo más cerca posible de la viuda.

¿ Por qué hay que levantarse cuando una persona entra en una habitación en la que nos encontramos ? !Y yo qué sé¡ Pues será para que nuestra cabeza permanezca en la medida de lo posible a la misma altura que la del visitante, que no nos coja desprevenidos y de camino, si hay que arrearle un bofetón, pues más cerca nos pilla. Y resulta también que la causa de estrechar las manos o levantar una de ellas para saludar es demostrar que no se llevan armas con las que ofender cuerpos ajenos.

A las señoras hay que cederles el paso siempre, salvo en dos ocasiones, ¿ cuales ? . Una, al entrar en un taxi, para que el acomodo en los asientos sea menos penoso. Otra, al buscar dos asientos en el cine: es el caballero el que debe entrar primero en la fila abriendo paso, sí señor, el mozo es el que debe ensuciarse los calzones con las suelas de los demás. Memorizar y después, aplicar.

Cuestiones de antropología.
(CONTINUARÁ)

3/10/2006

Un sordo Multitapia










Y usted, querido amigo, ¿no siente una gran turbación rodeado siempre de esas prodigiosas vestales, de ésas futuras diosas del fuego, del hogar y del arte de guisar?

Se vé que alguna influencia sí que ejerce sobre las citadas, puesto que sus apariciones por los pasillos del Liceo son bastante comentadas. Usted surge de la más profunda nada, de lo jondo de la escalera. Y se muestra ante nos, paseando por las aulas, como en un enjambre, rodeado de animalillos zumbantes y dorados. Al distraído apicultor le preguntan cosas, le tocan su ropa inadvertidamente, a veces un brazo, acuyá una confesión al oído, salpicando de dulce saliva sus ya de por sí portentosos pabellones...

¿ No piensa como yo que sí que sabría dar a esos cuerpos cumplimiento y forma ? Cumplimiento como varón sano que le supongo, y forma como adorno de los protocolos festivos y propios de quien se sabe depositario de un saber largamente experimentado, aunque sólo sea en su bulbo raquídeo (ésto último es opinión mía). Qué lejos todo ello ¿verdad? de la “eyaculatio precox” sabatovespertina y de medio pelo a que se ven sometidas por esos muchachos sin camisa, idiotas asilvestrados, a medio camino entre niños y reclutas de provincias; ésos, en suma, desmedidos y gritones garrulos de pelopincho.

¿ Acaso no sabría usted encender cada poro de piel bestia de esas criaturas? Habida cuenta su gusto particular hacia los períodos táctiles, podría administrar su sacramental y adorada extremaunción de diez dedos largos ahí donde los pantanos son más frondosos y donde los muslos adquieren una consistencia ciclópea. Unas palabras tiernas aquí, un fragmento de un poema arrebatado a su autor allá, unos agavillados susurros delicuescentes mientras sus extremidades van reconociendo el campo de batalla, comprobando la frescura de sus epidermis, su tornasolado vello púbico, la densidad de sus pechos y su negación de la ley de la gravedad, esas otras humedades de rigor...síiiiiighhhh.

Usted, querido amigo, se sabe entonces convertido en el nuevo y hechizante hipnotizador, como un provocador absolutamente consciente del abandono a que se entregan las cachorras, del traspaso cósmico sin parte del precio a su legítimo dueño, o sea, usted, éso, sí, exacto: el Gran Chamán.

Todas las metáforas del amor se abrirán entonces sorprendidas como las patas de un cangrejo dormido y se ceñirán como sujetadores de dos peces gemelos (los twinfish). Usted se sentará entonces en su culo y su piel escarnecida, brava y sola durante años, estallará como lo que es: una verdadera eutanasia del caos.

Ahhh! Qué momentos para recordar más adelante, en el cubículo de engorde, ¡resalao!. En su despacho, en una vaga agitación ensoñadora, un azul y blanco batiente en el cielo atraviesa la ventana, y se le vé a usted ninfuleando y revolviendo sus papeles, sus carpetillas, el lápiz rojo y azul evaluador y demás artículos de neceser que componen el atrezzo de un adulto.

Porque eso es lo que es usted. Un adulto. Y desde hace algunos años, como usted bien sabe e ignorar no puede.

Y la tal implicación suya no resulta baladí, porque siendo usted adulto, el tercero en discordia en sus tórridos escenarios viene a ser la Fiscalía de Menores. ¿Usted me comprende? ¿Alcanza a aterrizar sobre los artículos del Código Penal que se ciernen sobre usted en cada roce, en cada pregunta, en cada confesión? ¿ O verdaderamente me estoy dirigiendo a un enfermo alucinado por la fiebre, a alguien que no quiere escuchar, a un sordo multitapia?

Y lo cierto es que sus compañeros, lo observan con atención, con envidia. Menos dotados que usted para ésa íntima conexión juvenil, esperan, esperan y esperan, acechando en los departamentos, llamando sin entrar y a veces entrando sin llamar, buscándole los pies que se necesiten al gato. No ven el momento de entonar “sooorpreesaa!” y marcar con gusto y asentamiento un cero, un nueve y un uno, y escuchar al otro lado del lejanísimo hilo telefónico ésa voz barrigona y poco instruída que dice: “Vamos p´allá”.

La moneda ha caído en el fondo del vaso vacío de vino pálido. Se oyen grititos de nerviosismo y los dedos se le pegan a la mesa . Usted elige una de las tres apasionantes: ¿Beso, atrevimiento o verdad?