Al Hermano Juan LibrillosLos que por nacencia, tenemos afición al muele que muele, traemos una dificultad añadida para circunvalar o incluso evitar el hecho incuestionable de que cada dos años nos sirve un agujero menos del cinturón.
Como dijo el Maestro Primperán " el siglo XXI será espiritual o no será". Siendo como es ya el año 0cho de Dios del citado, es perentorio ir plantando las mimbres de éste primordial, más por beneficio propio que por el del clínico que provisto de "jerrucho" nos corte de raíz la bipedestación, cobrando por ello, cuando nos veamos presas de unas venas con más azúcar que la pastelería de Baldomero L.M.
Ahora bien, los métodos a aplicar no siempre son claros: ¿apertura de chakras? ¿visita al Pothala? ¿ deconstrucción de Joyce de Dublín o de Lloyd´s de Londres? ¿Aleph con hielo?
Lo que es patente es que las conductas ancestrales heredadas de nuestros mayores deben ser evitadas y combatidas, deportadas con psicomagia, y gargolizadas para siempre, o de lo contrario nos veremos, entronizados en otra vuelta de tuerca aún peor que la anterior, plenos de colesterol y de esas otras otras sustancias epinómicamente terribles y que nunca he visto por microscopio, a la vuelta de seis meses de torturas terribles, presunciones y ausencias.
El gusto por la cuchara y el mojeteo deben ser demolidos por bien nuestro y de nuestra prole.
Adiós pues a los lindos vasos de vino, al aroma de los ajos fritos inundando la casa como promesa de amor material con lengua, adiós a las ricas tajaditas de salchichón y chorizo con su vitamina cé hecha pimentón, y a la mampostería de fabes dentro de los platos (hondos).
Y adiós en suma a todo lo que fuí durante los pasados veinte y cinco años, un campeón de la dilatación gástrica y del arroz a la cubana con dos güevos fritos.
"Hay que levantarse de la mesa con un poquito de hambre" y "de grandes cenas están las tumbas llenas"...decía Don Fernando.

Llegaremos en fin y acaso merced a los métodos que fueran a la provecta edad y sabiduría popular de aquella anciana señora, moño blanco, pañuelo y atuendos negros, quien llevando entre sus manos una macetilla con una palmera de plástico, y viéndose aguijoneada por jóvenes y graciosos quienes le desearon:
- Señora, salú pa verla echar dátiles!
Respondiera la venerable:
- Y a osté pa que le dén por culo!